El clasismo en Chile hoy es claro, siendo nuestro país uno de los pocos latinoamericanos que entra el el selecto grupo (económico) de los autodenominados Desarrollado, tiene las diferencias más avismantes entre los más ricos y los más pobres. Aquella desigualdad no queda sólo allí, sino que se plasma en prejuicios por parte de dos grupos fuertemente marcados en muchas naciones. Los pocos ricos y los muchos pobres. No quiero decir que solamente los ricos (y poderosos) son clasistas, ya que los pobres también emiten opiniones sun fundamentos hacia los grupos más favorecidos económicamente.
Pues bien, todo aquello no surge simplemente de un segundo a otro a partir de que somos considerados como país desarrollado. Viene de más atrás, y como profesor de Historia no pueod dejar de lado aquel factor tan determinante. Proviene de algo profundo y antiguo como lo es la Colonia en Chile. Aquel periodo en que se mezcla una sociedad indígena acostumbrada a un trabajo liviano y para el día a día, sin una mentalidad mercantilista. Aquel grupo cultural se mezcla con los españoles, aquellos que venían, tal como dice el dicho, a "hacerce la América", en busca de riquezas para su (actualmente) país desarrollado y avasalladoramente violento en ese momento de conquista y posteior colonia.
Los españoles tenían fuertes prejuicios con los indígenas, pero no con ellos directamente, sino que con sus descendientes que se van mezclando y entrelazando a lo largo de los siglos con su "sangre pura" ibérica. Era mal visto que un español o criollo se mezclara con un indígena, gente que se dedicaba al trabajo directo de la tierra, los caballos, la carpintería, etc. Pero aquel trato era aún peor con los negro, la razón está fundada en que, por orden del rey, los indígenas son súbditos del rey de España, por tal deben ser respetados (no necesariamente queridos), no así los negros, provenientes principalmente de África en condición de esclavos, por esa justa razón, el mestizaje con ellos era lo peor que podía sucederle a una familia.
El problema es aún peor cuando nos ponemos en el lugar de un hijo de madre indígena y padre español. Ama a su padre, o más bien lo admira, por ser de la raza vencedora en tan larga guerra; por otro lado, lo odio por ser quien somete a su raza. También, ama a su madre, por ser quien lo conforta y quiere realmente, pero la odia por entregarle esa "sangre sucia" que manchará no sólo a él, sino que también a todos sus descendientes.
Con dichos antecedentes, hoy podemos entender por qué el chileno común tiende a ser tan arribista, a creerse mejor que el otro, es una especie de herencia cultural de la cual no puede arrancar el chileno, que no podrá dejar atrás a menos que vaya cambiando esa mentalidad del siglo XII y XVIII.
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