domingo, 22 de julio de 2012

Respecto al quehacer del historiador hoy

Algo de rabia hay entre la disciplina histórica frente a los autores e investigadores que se inclinan y dejan plasmada cierta ideología. Más estrictamente, se critica en el último tiempo entre algunos (pocos a nivel nacional, pero realidad de todos modos) respecto  a las publicaciones del historiador Gabriel Salazar; destacado profesor quien ha planteado, ignoro si es el primero o no, la idea de una "historia social"; es claro que la historia es el relato del pasado humano; no entraré a hablar ni dar una definición más estricta del tema, por una cuestión de edad y falta de experiencia aún no puedo ser certero en dar una definición clara respecto a qué es la historia. Pues bien, si es el relato del pasado humano, será social se quiera o no, puesto que el hombre se desarrolla en sociedad, está desde el nacimiento -y antes incluso- hasta su muerte -y después- inmerso en algún tipo de sociedad. El profesor Salazar, pretende narrar una historia social, más bien, centrada en el bajo pueblo, lo que muchos historiador de renombre nacional han ignorado y algunos lo siguen haciendo.

Gabriel Salazar, asumido izquierdista, aún me quedan dudas si socialista, comunista, o sencillamente izquierdista, lanza dardos claros a los historiadores de hoy por no contar la historia de su sujeto a historiar. Este dejar de lado al pueblo, se ha convertido en la tónica nacional en la historia de nuestro país; son puntuales los casos en que se acuerdan de él, y en su mayoría es para dar livianas pinceladas respecto a alguna masacre, sumisión de éste mediante la violencia, etc; a lo que voy; es que hoy es necesaria una historia del pueblo, contar la historia no contada. No digo que se deje de lado la élite nacional, que es la que al fin y al cabo gobierna; pero sí es necesario hacer la distinción que hace el profesor Salazar en el nombrar a los "padres y madres de la patria" no aquellos personajes de renombre, sino que en realidad a quienes fueron padres y madres de la sociedad chilena, de lo que hoy conocemos como Chile. 

Otro punto es el que sea "mal visto" en las cúpulas de historiadores de convento, la idea de que Gabriel Salazar entrometa la ideología, en muchos casos necesaria para entender uno que otro aspecto en un análisis histórico. Pero creo que ello se da porque la historia, como muchos asumimos, es transdisciplinaria, y sí el la ha preferido apoyar en la sociología, me parece estar en todo su derecho; como el profesor Ahumada lo prefiere así con la filosofía, o como Osvaldo Silva lo hace con la antropología; no hay problema, pero cuando esto parece acercarse a la ideología, hay un grave problema. 

No es malo entrometer la ideología en el quehacer del historiador, ¿por qué?, por una razón muy sencilla; somos libres si nos situamos en un paradigma clásico (entiéndase Aristóteles, Platón, Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, los clásicos y conocidos); y podemos tomar lo que queramos para oír, leer, estudiar, etc; ¿a qué voy?, a que tenemos opciones de oír la versión marxista de Salazar como también la clásica de Encina, la apegada a lo demócrata cristiano de Eyzaguirre, y así; tenemos todo para visitar en el escenario histórico chileno. El problema, y en esto quiero ser enfático, es cuando esta versión es la única que se está dando a conocer a las personas. En un sistema totalitario o en una dictadura si sólo se muestra una versión, el historiador está errado y no haciendo bien su trabajo de dar a conocer su propio relato respecto al pasado humano. 

No pretendo hacer un concilio entre dos paradigmas completamente distintos y distantes (el clásico con el marxiano); sólo pretendo plasmar la postura frente a la historia -muy a grandes rasgos- y la ideología hoy por hoy en Chile.

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